miércoles, 9 de junio de 2010

LOS INCONFESABLES CRÍMENES DEL FRENTE POPULAR: EL SECRETO HORNO CREMATORIO DE ALEXANDER ORLOV

En el año 2004 publiqué que los crímenes de Lenin y Stalin se ocultaron detrás de los crímenes de Hitler, que fue un aventajado discípulo de los métodos de extermino comunistas.

Lev o Leiba Lazarevich Feldbin más conocido como Alexander Orlov fue enviado por Moscú a España como jefe del NKVD; es decir, la policía secreta soviética. Tres meses después de la muerte de Stalin, Orlov publicó un libro titulado: The Secret History of Stalin’s Crimes. Nueva York, 1953 (en español, Barcelona, 1955). En el libro afirmaba que recibiendo órdenes de Moscú había llegado a España en septiembre de 1936 y que había permanecido hasta julio de 1938, fecha de su defección y posterior asilo en los Estados Unidos. El libro era una denuncia de los crímenes cometidos por Stalin; pero de los crímenes que él cometió en España guardó silencio: guardó silencio en el libro, en todos sus escritos y a lo largo de su vida.

Vasili Nikitich Mitrokhin era coronel del KGB –antes NKVD- y supervisor del archivo entre los años 1972 a 1984. Fue tal la impresión que le causó la maldad contenida en algunos informes secretos, que decidió de forma clandestina tomar y guardar notas y copias de esos informes. De entre las miles de notas que tomó en una reseñaba lo siguiente:
Resulta que en el año 1937 en España, Orlov disponía de su propio horno crematorio para deshacerse de los cadáveres de sus víctimas, y que dicho horno estaba supervisado por el coronel del NKVD, Stanislav Vaupshasov. En ese secreto horno crematorio trabajaba un salmantino nacido en 1910 llamado José Castelo Pacheco, militante del Partido Comunista y hombre de la máxima confianza de Orlov, como así lo demostraría con su silencio a lo largo de toda su vida; pero preocupado José por el futuro económico de los suyos, había dado instrucciones en caso de que él faltase. Tras su fallecimiento, una parienta suya -probablemente la mujer con la que convivió-, se dirigió por carta al Gobierno soviético en el año 1982 solicitando una pensión, por los especiales servicios que José había prestado al NKVD durante la Guerra Civil española.
Y así quedó reflejado en la obra de la que Mitrokhin es coautor con Christopher Andrew: The Sword and the Shield: The Mitrokhin Archive and the Secret History of the KGB. Nueva York, 1998. Stanley G. Payne citaba la obra de Andrew y Mitrokhin en su libro: Unión Soviética, comunismo y revolución en España (1931-1939). Barcelona, 2003. De esta forma y por primera vez en español, salía a la luz el hasta entonces secreto horno crematorio de Alexander Orlov, y que yo lo recogí en el libro escrito en enero de 2004 y publicado en noviembre de ese año: El chantaje de la izquierda. Las falsedades de la Guerra Civil española.
Andreu o Andrés Nin Pérez, hermano Pestalozzi desde el 14 de febrero de 1915 -según investigación de María Dolores Gómez Molleda: La Masonería en la crisis española del siglo XX. Madrid, 1986, p. 48 llamada 55-, y uno de los líderes del Partido Obrero de Unificación Marxista y ex consejero de la Generalidad de Cataluña, fue detenido en Barcelona el 16 de junio de 1937 y trasladado a Madrid por orden de Orlov, y en Madrid fue torturado y ejecutado días después. Su cadáver no se ha encontrado, y lo mismo ha sucedido con el de otras personas que Alexandre Orlov había ordenado eliminar.

De sus escritos se desprende que Alexander Orlov era un experto en la mentira y en la falsedad, capaz de no dejar huellas o de borrarlas con pistas falsas, por eso jamás reveló que hubiese cometido asesinatos y menos aún que tuviese su propio horno crematorio. Y no sólo eso, sino que fue lo suficientemente astuto como para escapar de la mortal trampa que le había tendido Stalin, y una vez en su seguro asilo, le envió una larga carta amenazando con revelar documentos comprometedores, y qué doble juego se traería entre manos Orlov, que ni Stalin, ni el NKVD ni después el KGB, jamás se atrevieron a tocarle un pelo, ni a él ni a su familia.
Tampoco hace confesión alguna en su libro de memorias -editado en Moscú en 1971- Stanislav Vaupshasov: un gran héroe según Moscú, un avieso y psicópata según algunos historiadores.
José Castelo Pacheco no hizo pública confesión de sus labores en el horno crematorio, y como buen comunista fue fiel a Moscú hasta la muerte ("falleció en Moscú en 1967": Isabel Marín Gómez. El laurel y la retama en la memoria: tiempo de posguerra en Murcia 1939-1952. Murcia, 2004, p. 78), y su misteriosa confidente también guardó silencio.

Aunque hay poderosos en este mundo interesados en ocultar los crímenes, las mentiras y las miserias del comunismo, mal que les pese: las checas, los gulags y los hornos crematorios, no fueron inventos de los criminales nazis.
En el 2004 ya dejé escrito, que la superioridad ética y moral de la ideología totalitaria comunista está cimentada y acreditada sobre los millones de cadáveres de sus víctimas, y esa es la única lección que puede dar a la Humanidad, la de ser la mayor portadora del terror, del genocidio, la opresión y la muerte, y todo en nombre del pueblo, de la igualdad, de la libertad y del progreso.
Y por intentar implantar en España esa ideología totalitaria, miles de españoles y de extranjeros -algunos engañados y otros convencidos- lucharon y murieron. Y esa fue la realidad, aunque la mentira y la cínica e interesada desmemoria intente obligarnos, por real decreto ley o incluso constitucionalmente, a que creamos en una falsificada historia.

Ángel Manuel González Fernández, junio de 2008.

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