martes, 1 de febrero de 2011

EL ASESINATO DEL COMUNISTA Y BRIGADISTA ALEMÁN HANS BEIMLER

“El diputado comunista alemán Hans Beimler había conseguido evadirse de Dachau matando a un miembro de las SS, y una vez en España, había participado en la organización del batallón Thaelmann. Le mataron el 1 de diciembre de 1936. Gustav Regler afirmó que Beimler había sido víctima de una bala franquista. Versión desmentida por Antonia Stern, la novia de Beimler, a la que requisaron todos sus documentos y expulsaron de España: sostenía que Beimler había criticado el primer proceso de Moscú y además había iniciado relaciones con los antiguos dirigentes del KPD Arkadi Maslow y Rut Fischer, que dirigían un grupo opositor en París”: Stéphane Coutois y Jean-Louis Panné. El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión. Madrid, 1998, p. 395.

El bolchevique y mentiroso encubridor Rémi Skoutelsky no podía dejar eso así, y como se ha demostrado en anteriores escritos, intenta borrar las huellas de los crímenes cometidos en las Brigadas Internacionales, y para ello aporta el confuso y contradictorio testimonio del brigadista búlgaro César Covo:
“Reconocimos la silueta de Hans, el comandante del batallón Thaelmann [se trata de Richard Staimler] y también otro más bajo, achaparrado, que era su adjunto. Acompañaban con deferencia a un hombre de edad madura tan alto como Hans, con un pequeño bigote raso, que llevaba una especie de gorra militar con cubreorejas. Caminaban juntos, tranquilos, hablando animadamente. Entre nosotros cundía el estupor. ¿Qué estaban haciendo ésos ahí? Intentamos avisarles agitando los brazos y gritando cada uno en su idioma. Los franceses les echaron broncas. Pero ellos, absortos en su debate, continuaban pasando revista al sector. En un momento dado se dieron cuenta de nuestra efervescencia e imaginando que eran signos de amistad, nos respondieron con la mano. Si un solo disparo hubiera sonado… pero no: les dejaron acercarse y cuando llegaron al lugar correcto sonó un primer disparo, seguido de muchos otros. Desde el primer tiro, el hombre que llevaba la gorra militar se estremeció, cruzó los brazos sobre el pecho gritando repetidamente: “¡Rot front! ¡Rot front! (Frente rojo, eslogan del Partido Comunista Alemán). Hans Beimler acababa de ser abatido. Théophile Rol, un enfermero del batallón, acudió a su auxilio, pero fue en vano”.
Eso es lo que afirma en la página 105 y en la página 349 da por cerrado el caso: “Varios amigos de Beimler acusaron al NKVD de haber eliminado a un militante que tenía amistades y pensamientos heterodoxos. No obstante, hay maneras más discretas de liquidar a un individuo que delante de varias decenas de testigos.
Por mi parte, el testimonio de César Covo cierra el debate. No se puede razonar utilizando un silogismo: Stalin tenía interés en hacer eliminar a tal individuo en España, ese individuo efectivamente fue asesinado, por lo tanto los matones del NKVD son los responsables de su muerte. La historia se basa ante todo en los hechos”: Novedad en el frente. Madrid, 2006.

Si alguien tenía alguna duda sobre el asesinato de Hans Beimler la duda queda despejada por lo que ha escrito el sujeto mentiroso, por lo mucho que ignora y por lo que no ha querido escribir:

1º. Dice el bolchevique mentiroso y encubridor, que “hay maneras más discretas de liquidar a un individuo que delante de decenas de testigos”. No se sabe si hubo decenas de testigos, pero los pocos que dicen serlo cada uno cuenta una historia diferente y contradictoria. Y precisamente el único testigo, el tercer hombre y ejecutor guardó siempre un significativo silencio y un año después del hecho regresó tranquilamente a su casa de Moscú.

2º. Bien el recuerdo del que dice ser testigo César Covo -nacido en Sofía en 1912 de nacionalidad francesa y que abandonó el Partido Comunista Francés en 1955-, o bien la transcripción de ese relato existen errores y contradicciones de principio a fin:
a). Según el testigo reconoció la silueta de Hans, al comandante del batallón y a otro que era bajo y achaparrado; es decir, en total tres personas.
b). Según el testigo, esas personas “acompañaban con deferencia a un hombre de edad madura tan alto como Hans”; es decir, que entonces eran cuatro personas, porque esa persona “de edad madura tan alto como Hans” obviamente no era Hans, pero tampoco podía ser Richard Staimer (el autor mentiroso para liarlo más le apellida Staimler) que era más joven y precisamente al mes siguiente cumplía 30 años 11 menos que Hans que tenía 41, y el bajo y achaparrado queda descartado.
c). La descripción que hace el testigo de la fisonomía y la gorra del “hombre de edad madura tan alto como Hans” es la identidad del mismo Hans Beimler, aunque el testigo insiste en afirmar que era “tan alto como Hans”.
d) Según el testigo ese “hombre de edad madura tan alto como Hans”, es decir, que no era Hans, “llevaba una especie de gorra militar con cubreorejas”, y fue precisamente ese hombre según el testigo: “Desde el primer tiro, el hombre que llevaba la gorra militar se estremeció cruzó los brazos sobre el pecho gritando rápidamente: ¡Rot front! ¡Rot front! Hans Beimler acababa de ser abatido”.
e) Según el testigo desde la distancia que estaban él y sus compañeros gritaban a los caminantes del frente y éstos no les oían, en cambio él sí oyó a una víctima gritar antes de caer: “¡Rot front! ¡Rot front!”.
f) Según la descripción de la escena que hace el testigo, el hombre que acababa de ser abatido y que entonces de repente se convierte en Hans Beimler recibió los impactos de bala de frente, cosa que como se verá está en contradicción con la trayectoria de entrada y salida que dejó la bala en la cabeza de Hans Beimler, según lo confirmado por los testigos que reconocieron su cadáver.
Afirma el bolchevique mentiroso y encubridor que la historia se basa en hechos, es cierto: tres hombres en el frente de batalla y uno de ellos es un agente del GRU, suenan unos disparos y dos hombres mueren y el que no recibe ni un rasguño es precisamente el agente del GRU: ¿silogismo?, ¿casualidad?, no, hechos.

3º. Existe otro que dice que fue testigo, se trata del comunista y brigadista alemán Hermann Streit, que llegó a ser secretario de Estado en la Alemania comunista y que precisamente también había venido de la Unión Soviética junto con el tercer hombre, el ejecutor. Este testimonio escrito en agosto de 1995 no concuerda con el anterior: “(…) sentí algunos disparos. Miré hacia atrás y vi a dos hombres cerca del declive casi al descubierto que habían sido alcanzados por los tiros”: Santiago Álvarez. Historia política y militar de las Brigadas Internacionales. Testimonios y documentos. Madrid, 1996, p. 261.

4º. Otro testimonio de un testigo anónimo que tampoco concuerda con los dos anteriores. Ahora ya no son tres o cuatro hombres que tranquilamente y al descubierto iban caminando y charlando por el frente de batalla; ni dos hombres cerca de un declive casi al descubierto; ahora es un hombre que cruzaba corriendo al descubierto: “Uno de sus compañeros de armas, ha relatado minuciosamente el episodio de su muerte.
La bala de un tirador fascista alcanzó a Hans en medio del corazón cuando cruzaba corriendo al descubierto”: Arturo Perucho. Hans Beimler. Barcelona, pp. 82 y 84.

5º. Un testimonio de oídas pero que tiene mucho valor, se trata de la declaración del futuro suegro del ejecutor y también futuro presidente de la Alemania comunista, Friedrich Wilhelm Pieck Reinhold: “Hans Beimler cayó en uno de los más fuertes combates del frente de Madrid”: Madrid honra a Hans Beimler. Comisariado de las Brigadas Internacionales. Madrid, 1937, p. 34. No se sabe si Staimer se puso en comunicación con el que en 1947 sería su futuro suegro para contarle la verdad o un cuento; pero lo cierto es que Pieck estaba en ese momento concentrado en elaborar listas para depurar comunistas alemanes: El libro negro del comunismo, p. 340.

6º. Hans Beimler haciendo amigos. Un informe alto secreto con fecha de 14 de diciembre de 1937 de Manfred Zalmanovich Stern más conocido como Emilio Kléber – había nacido en Bucovina y nacionalizado soviético se hacía pasar por canadiense, fue patrocinado por los comunistas españoles y en un pispás ascendido a general -:
“Yo había enviado tres correos a Albacete, pero no regresaban. Llegó el camarada Beimler, y lo envié como cuarto correo al camarada Marty, en Albacete.
Hans Beimler regresó de Albacete encolerizado y maldiciendo. Los camaradas Marty y Vidal le habían regañado, preguntándole por qué se mezclaba en asuntos que no eran de su competencia”: Ronald Radosh, Mary R. Habeck y Grigory Sevostianov. España traicionada. Stalin y la guerra civil. Barcelona, 2002, p. 371.
(Emilio Kléber: de “cómo me convertí en “general”, (…) yo mismo me quedé asombrado (…) Así me convertí en general, a fin de impresionar más a mis colaboradores en el mando”: España traicionada, p. 361). Poco después de ese informe Kléber fue llamada a Moscú y condenado por Stalin moriría en un campo de concentración: Burnett Bolloten. La Guerra Civil española: revolución y contrarrevolución. Madrid, 1997, pp. 486 y 487).

7º. Justo Martínez Amutio socialista y gobernador del Frente Popular en Albacete conoció y trató a Hans Beimler:
”Le conocí en Praga en mayo (de 1936).
Me dio a conocer sus discrepancias con la línea stalinista, especialmente con la política impuesta a los comunistas alemanes respecto a la socialdemocracia, que había dado por resultado el que los nazis, con un tercio de votos solamente, se apoderasen del poder. Me confesó que a consecuencia de haber manifestado claramente su criterio, en el Komintern existían ciertas reservas sobre su fidelidad a la doctrina leninista-stalinista que entonces dominaba, y no se le ocultaba lo peligroso que para él resultaba esto.
Cuando lo vimos, unos días después de llegar nosotros a Albacete, me manifestaría que sentía inquietud por la forma en que se desarrollaban las cosas en las Brigadas Internacionales.
“Hay un clan –dijo- que se está apoderando de todo; se ha establecido una comisión de control que dirigen Marty y Togliatti, quienes no dan cuenta a nadie (…). Están empezando a sembrar confusión y recelos y a hacer discriminaciones. No me gusta nada todo esto.
Temo a Zaisser porque es turbio, sectario y provocador” .
A los pocos días, el 1 de diciembre, un capitán austriaco, socialista y profesor en Viena, que estaba en el Estado Mayor de las B.I., en Madrid, me llamó una tarde para comunicarnos su muerte, sin darnos más detalles. Y a media noche me comunicarían de la “Base” de las B.I. que a la mañana siguiente, hacia las diez, llegaría el cadáver a Albacete donde recibiría sepultura. La radio anunció su muerte destacando la noticia y haciendo grandes elogios. Aquella propaganda me pareció algo desorbitada y ostentosa para ser sincera.
Después de la ceremonia, con la disculpa de que se había de abrir la fosa en un lugar del cementerio que el Ayuntamiento había señalado, destinado para el enterramiento de los muertos de las B.I., se dejó el cadáver en el depósito del cementerio. Aquella misma mañana, a última hora, el médico forense y del Gobierno Civil, José Carrilero, cuando supimos que Carrillo y el resto de la comitiva había salido de Albacete, reconoció el cadáver. Sacó fotografías de la cabeza, que tenía una herida con entrada tras de la oreja derecha en su parte media y salida por la bóveda craneana opuesta, y además otra herida en la parte alta del antebrazo derecho. Me informó el doctor Carrilero que las heridas fueron producidas por balas de revólver o pistola, no de fusil, y, además, “cortadas”.
(…) Hans Beimler fue, después de asesinado, instrumento de la propaganda comunista”: Justo Martínez Amutio. Chantaje a un pueblo. Madrid, 1974, pp. 301 a 306.

Francisco Fuster Ruiz en su libro: La Guerra. Las Brigadas Internacionales. Albacete, 1985, p. 100, ha intentado refutar el asesinato de Hans Beimler argumentando que era falso que se hubiese hecho “la autopsia al cadáver”. Justo Martínez Amutio en ningún momento escribe que se realizó la autopsia, sino que “el médico forense José Carrilero reconoció el cadáver”. Y no sólo eso, sino que hubo otro posterior reconocimiento del cadáver de Hans Beimler.

8º. Jacinto Toryho era periodista y secretario de propaganda de la CNT-FAI, y esto es lo que él vivió y dejó escrito sobre el asesinato de Hans Beimler:
“Los comunistas le hicieron las exequias de un héroe. Llevaron el cadáver a Albacete para darle allí sepultura; luego cambiaron de opinión y lo trasladaron a Barcelona. Con motivo del sepelio de Hans Beimler, la Vía Layetana presenció el primer gran desfile militar que vio Barcelona. La pirotecnia stalinista gastó toneladas de pólvora verbal en honor del diputado comunista alemán muerto en acción… pero por la espalda. El señor Martínez Amutio, gobernador de Albacete, que lo había conocido en Praga y al que Beimler había hecho pocos días antes algunas confidencias, sospechó algo sucio y ordenó al médico de la prisión local y del cuerpo de Guardias de Asalto, doctor Carrilero, que disimuladamente procediese a inspeccionar el cadáver. Así lo hizo el médico e informó al gobernador que Beimler presentaba una herida de arma de fuego con orificio de entrada en el occipital y de salida en el frontal, mortal de necesidad; agregó que el arma –corta- había sido disparada a poca distancia.
Sin que conociera absolutamente nada de lo que antecede un grupo de antinazis alemanes que tenían oficina en la Casa CNT-FAI, desde donde en mi compañía presenciaron el desfile militar que pasó por la Vía Layetana en honor de Hans Beimler, aquella misma noche y contando con la cooperación de algunos españoles, exhumaron el cadáver que fue examinado por dos médicos amigos míos cuyo dictamen coincidió con el del doctor Carrilero. Falta por agregar que al mismo tiempo que Beimler, fue muerto de la misma manera su amigo y colaborador Fritz Vehlov”: Jacinto Toryho. Del triunfo a la derrota. Barcelona, 1978, pp. 222 y 223.

9º. Alfonso Laurencic había nacido en Francia de familia austriaca y con nacionalidad yugoslava. Se afilió a la CNT y después a la UGT. En 1935 había sido detenido por estafa, y durante la Guerra se dedicó entre otras cosas a construir checas para el SIM. Por estafar en las construcciones de las checas fue a parar a la cárcel de Collell (Gerona), y tras la toma de la zona por las tropas nacionales en febrero de 1939 fue identificado, y después sería juzgado y fusilado en julio de ese año: R. L. Chacón. Por qué hice las chekas de Barcelona. Laurencic ante el Consejo de Guerra. Barcelona, 1939.
Alfonso Laurencic trabajó para el Gobierno del Frente Popular como teniente de información bajo la identidad de SSI-29, y en mayo de 1937 remitió los siguientes informes:
“INFORME SOBRE LA G.P.U:
El jefe de los servicios secretos es el ex agente de seguros Alfredo Herz /estadounidense nacido en Rusia en 1899 que emigró a los EE.UU en 1912 y cuyo verdadero nombre era George Mink/, y su ayudante un tal Herman (sólo tiene un ojo) /moldavo y cuyo verdadero nombre era Alexander Petrovich Ulanvsky/ . Les ayudan la mujer de Herz /podría tratarse de la estadounidense Juliet Stuart Poyntz/, tres hombres de escolta y un par de agentes de la Brigada Gómez Emperador.
Utilizan como oficina el Hotel Colón y el Casal Carlos Marx, indistintamente. Emplean, además, diversas viviendas que desconocemos por el momento.
Barcelona, 24 de mayo de 1937. SSI-29”.
“CASO BEIMLER:
Era uno de los más activos, más franco y leal de los que en el PSUC actuaban y fue liquidado por sus propios compañeros (por el servicio Herz) por no haber estado conforme con los métodos empleados por la 3ª. Internacional.
En ligero estado de embriaguez, tuvo una polémica en la cual vertió ciertos conceptos en este sentido y dijo que “quería volver a Barcelona para poner orden en Colón”. Estas manifestaciones fueron retransmitidas a los que en el Colón podían temer algo de los propósitos de Beimler y a los pocos días cayó, según cree la gente, al grito de “Rot Front” por una bala fascista.
Pero según el súbdito checo Max Geyer, amigo entrañable de Beimler, la muerte de éste ocurrió de la siguiente manera:
“Beimler, su ayudante Schuster (Fritz Vehlov), Geyer, el chófer y el ruso Richard, Comandante del batallón Thaelman que acababa de llegar de Rusia, llegaron con un coche a un puente que hay a unos 200 m. de la posición instalada frente a la Ciudad Universitaria. Quedaron en el coche Geyer y el chófer, mientras los otros tres se dirigían hacia la posición. A los diez minutos de espera, apareció corriendo Richard, el cual gritó desde lejos: ¡Acaban de matar a Beimler! Geyer preguntó: ¿Y Schuster? A lo que contestó: También ha caído de una bala en la cabeza. Al querer Geyer ir hacia la posición, Richard le retuvo del brazo, diciendo: No vayas, está bien muerto de un tiro en el corazón.
Max Geyer aún no se explica cómo Richard pudo comprobar tan certeramente que se trataba de un tiro en el corazón, ni su seguridad de que estuviese muerto al querer impedirle que fuera a ayudarle.
No se permitió a Geyer que hiciese guardia de honor al cadáver, ni que le acompañase hasta Barcelona, probablemente para evitar comprobaciones enojosas. Sin embargo, se trasladó por su cuenta y asistió al entierro. Al cementerio no llegó nadie del PSUC y Geyer habló allí por su cuenta “en nombre del partido comunista”. Al volver al Colón, reprochó a los del PSUC esta conducta y ello le ha valido el que actualmente sea perseguido.
Herz le hizo detener como espía en la terraza de “Chez Nous”, en unión de su mujer. Se le ha desposeído de toda su documentación y se le recogió todos los papeles que pertenecían a Beimler y que guardaba para hacerlos llegar a su familia. Herz comprobó en los interrogatorios a que se le sometió que no pudo saber exactamente cómo murió Beimler, por estar a 200 m. del lugar del suceso. Ello le ha salvado de ciertas medidas. De todos modos, asustado por las cosas que le han ocurrido en torno a este asunto, actualmente se esconde en una pensión”.
24 de mayo de 1937.
SSI-29”.
“ASUNTO TONI STERN:
Vive en Párroco Ubach, 17, 1º. Aparenta unos 40 años y vive estrafalariamente y con mal gusto. Era ex secretaria y ex amante de Beimler.
Vino a Barcelona al enterarse de la muerte de Beimler con la intención de escribir un libro biográfico sobre la vida de su ex amante. Traía muchos datos y apuntes de su actuación anterior a su venida a España. Se dirigió al PSUC con la pretensión de que le facilitasen más material y, como es natural, se le pusieron toda clase de impedimentos, pues lo que ellos querían es que este nombre fuese olvidado por completo.
La Stern, testaruda, no atendió a los consejos que se le dieron para que abandonara sus propósitos de escribir esta biografía y ante su insistencia se produjo el primer choque: Se presentaron en su domicilio, registraron el piso dos veces consecutivas, apoderándose de toda la documentación que hallaron y de todos los escritos que tenían alguna relación con Beimler. Se presentaron en un coche azul oscuro número 64.046. Se denunció el hecho a las autoridades, pero no se supo el paradero de dicho coche ni se había dado a ninguna comisaría esta orden de registro.
La Stern ha dado otros pasos para averiguar algo acerca de este robo de papeles, y el servicio Herz trata de paralizar su acción en este sentido. Ella ha recibido dos cartas en las que se intenta atraerla al PSUC en un tono cordial, invitándola a que acuda a declarar lo ocurrido.
Ella ha preferido no acudir y en este sentido le he aconsejado.
Toni Stern quiso enviar a los hijos de Beimler la última carta que éste les escribió y diferentes objetos personales del mismo, para lo cual hizo dos paquetes que trató de enviar por mediación del Consulado de la URSS.
Los paquetes no han sido cursados y después de mil reclamaciones le han sido devueltos en un estado lamentable, demostrando a todas luces que su contenido había sido intervenido.
Actualmente se planea el hacerla pasar por indocumentada y proceder a su expulsión, al objeto de hacerla callar de una vez”.
24 de mayo de 1937.
SSI-29”.
Informes en: Carp. 13, P.S Barcelona (Archivos Documentales de Salamanca): Domingo Pastor Petit. Los dossiers secretos de la Guerra Civil. Barcelona, 1978, pp. 161 a 164.

10º. El libro de Abel Paz ( seudónimo de Diego Camacho Escámez). Durruti en la Revolución española. Madrid, 2004, pp. 711 y 712, reproduce una parte del manuscrito inédito de Antonia Stern :
“La lápida de la sepultura de Hans Beimler permaneció un año sin nombre ni datos relativos a su muerte, y cuando fueron inscritos se hicieron falsamente. Hans Beimler cayó muerto en la Ciudad Universitaria, y no en la Casa de Campo, la cual se encontraba, del lugar de su muerte, a unos 3 kilómetros. ¿Se pretendía con esos falsos datos desorientar a la opinión caso de una posible investigación; o se deseaba simplemente evitar mencionar la Ciudad Universitaria? No hay que olvidar que fue también en ese lugar donde fue abatido cobardemente por la espalda Durruti, diez días antes que Beimler. ¿Obedecía eso a impedir la constatación de la coincidencia? ¿Quizás ambos motivos se complementan… (…) Pero aún hay más… Los verdaderos amigos de Beimler, que hablaban de él y que seguían pensando en él, fueron inmediatamente mal vistos, quedando sometidos a persecuciones…”.
Dice Abel Paz que “Antonia Stern confiesa que llegó a Barcelona creyendo firmemente la versión oficial que se había dado de la muerte de Hans Beimler:
“Yo deseaba recoger testimonios entre los compañeros milicianos de Hans Beimler con el objeto de dedicar un libro a su memoria. Desde mi llegada a Barcelona fui puesta en cuarentena y después perseguida. A pesar de las mejores recomendaciones, a los salvoconductos, mi trabajo, mi viaje a Madrid, en fin, todo cuanto se relacionaba con mi intención de recoger el material para mi libro chocó con dificultades y prohibiciones. Al fin, se me dijo claramente que debía renunciar a mi propósito de escribir un libro sobre Hans Beimler; pero como yo no obedecía las órdenes del partido fui detenida. Igualmente fueron detenidos todos cuantos milicianos me habían confiado su pensamiento sobre Beimler. A nosotros se nos escapaba la razón por la cual se nos perseguía, y a todo trance se deseaba impedir que se hablara de Hans Beimler. Esa razón fue comprendida en el momento en que supimos la manera como Hans Beimler había encontrado la muerte: “Con Hans ellos estrangularon la revolución. No podíamos vencer porque los mejores camaradas eran liquidados por su propio Partido”, me ha confiado uno de los milicianos de Beimler, que he podido ver recientemente”.

11º. El asesinato de Hans Beimler sirvió para cometer y justificar otros asesinatos. Tres días después del entierro de Beimler, nueve brigadistas del batallón Thaelmann fueron “fusilados por complicidad y asesinato del comisario Beimler, además de traición y espionaje”: Chantaje a un pueblo, pp. 231 a 244.

12º. El tercer hombre, el ejecutor: Richard Staimer, “Hoffmann”.
El comunista alemán Richard Staimer en 1933 se fue a Moscú a completar su formación política, militar y policial. Obtuvo la nacionalidad soviética y fue enviado a la Guerra de España en noviembre de 1936 como agente del servicio de inteligencia militar soviético, GRU, con el nombre clave de “Hoffmann”, estuvo un año en España y después volvió a Moscú.
No existe ni un solo testimonio de Richard Staimer sobre la muerte de sus dos compatriotas Hans y Fritz, precisamente él que fue el único testigo y que casualmente salió ileso del tiroteo.
Según algunos investigadores no existe ni en los archivos de la antigua Alemania comunista, RDA, ni en los archivos de Moscú, un solo informe o documento que contenga la orden de ejecución de Hans Beimler, cosa que no debería resultar extraño y hasta es muy lógico y compresible. De todas formas y por poner unos ejemplos, tampoco creo que se encuentren en ningún archivo la lista con los nombres de todos los que desaparecieron en los hornos crematorios que el NKVD tenía en Madrid y Barcelona; ni tampoco se encontrarán en ningún archivo las órdenes de los crímenes que cometieron en España y después en la RDA, los comunistas alemanes y fieles lacayos de Moscú, Wilhelm Zeisser y Walter Ulbricht.

a). En los archivos está lo que algunos quieren que esté, porque existe lo que se conoce como “expurgación de archivos”, y más radicalmente “depuración de archivos”, que consiste en que cuando alguien con poder no quiere que exista tal o cual documento se incinera y se terminó el asunto. Así por ejemplo, investigadores que han tenido acceso a los archivos de Moscú, se quedan perplejos por la escasa documentación que existe sobre la represión y liquidación del trotskismo en el Frente Popular, cosa que también tiene su lógica; porque a no ser que quieran alardear de sus crímenes, los asesinos cuando pueden intentan borrar las huellas de sus crímenes, en este caso, el archivo de la sección española estuvo bajo la responsabilidad de un desconocido Ramón López, pero el tal Ramón López era en realidad el comunista español Ramón Mercader el asesino del Trotski: Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo. Queridos camaradas. La Internacional Comunista y España, 1919-1939. Barcelona, pp. 11 y 12.

b). El acceso a los archivos es restringido, y prohibitivo donde se guardan los documentos más importantes y confidenciales: “En tiempos de Yeltsin se abrieron muchos archivos, aunque no todos, y ahora otra vez vuelven a cerrarse. No puedo responder por qué”. Yiri Rybalkin, teniente coronel ruso e historiador. ABC, D 7, 25 de noviembre de 2007, p. 7.
El caso del coronel soviético Vasili Nikitich Mitrokhin es una excepción, que desde los años 1972 a 1984 como supervisor del archivo del KGB tuviera acceso a toda clase de documentos y que pudiese sacar sin que sospecharan miles de notas de esos documentos: Christopher Andrew and Vasili Mitrokhin. The Sword and the Shield: The Mitrokhin Archive and the Secret History of the KGB. Nueva York, 2001.

c). Richard Staimer llegó a ocupar altos cargos en la Alemania comunista, entre otros, el de Inspector General de la policía, a la vez que seguía siendo el fiel lacayo de Moscú, y eso Moscú siempre lo tiene en cuenta y lo recompensa.

d). Y por si faltarse algo y terminar de rematar el asunto, Richard Staimer, el tercer hombre, el ejecutor, se casó en 1947 con la hija del presidente de la Alemania comunista, Wilhelm Pieck, otro fiel lacayo de Moscú.

Después de los testimonios de unos y de los testimonios de otros, de los escritos de unos y los silencios de otros, la conclusión es la siguiente:
El 1 de diciembre de 1936 llegan en un coche cinco personas para inspeccionar el frente de la Ciudad Universitaria de Madrid: el comisario político del batallón Thaelmann el comunista alemán Hans Beimler, su adjunto el comunista alemán Louis Schuster, el ayudante de Beimler el comunista checo Max Geyer, el nuevo comandante del batallón recién llegado de Moscú y agente del GRU el comunista alemán de nacionalidad soviética Richard Staimer , y el conductor del coche el comunista español Tomás Calvo Aribayos.
El conductor Tomás Calvo y el ayudante Max Geyer se quedan dentro del coche y los otros tres se dirigieron al frente. El agente del servicio de inteligencia militar soviético Richard Staimer, “Hoffmann”, asesina con su pistola a corta distancia y por la espalda a Hans Beimler, por criticar abiertamente los procesos de liquidación que se estaban llevando a cabo en Moscú, y también asesina al testigo y adjunto de Beimler, Fritz Vehlov, más conocido como Louis Schuster.
La versión oficial afirmaba que Hans Beimler había sido abatido por el enemigo de un tiro en el corazón en el frente de Madrid. Si eso fue así, entonces por qué el cadáver tenía la señal de una herida mortal en la cabeza; y por qué entonces se fusiló a nueve brigadistas acusados de complicidad y asesinato de Hans Beimler; y por qué se detuvo y se interrogó al ayudante Max Geyer; y por qué la persecución de los que dudaban y discrepaban de la versión oficial. Y todo eso apunta a un mismo fin: silenciar y ocultar lo que realmente ocurrió en el asesinato de Hans Beimler.

Ángel Manuel González Fernández, enero de 2011.

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