miércoles, 1 de septiembre de 2010

ACUSACIÓN DE GENOCIDIO CONTRA EL PARTIDO SOCIALISTA

Acusación contra el Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores por asociación e instigación para cometer genocidio, al crear, organizar y dirigir el Comité Nacional Revolucionario iniciador de la Guerra Civil española y del genocidio de religiosos de la Iglesia católica.

Según la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Asamblea General, resolución 260 A (III), de 9 de diciembre de 1948, en vigor desde el 12 de enero de 1951 y ratificado por España, Boletín Oficial del Estado nº. 34 de 8 de febrero de 1969:
Artículo I. Las Partes contratantes confirman que el genocidio, ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra, es un delito de derecho internacional que ellas se comprometen a prevenir y a sancionar.
Artículo II. En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, aun grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
a) Matanza de miembros del grupo.
Artículo III. Serán castigados los actos siguientes:
a) El genocidio.
b) La asociación para cometer genocidio.
c) La instigación directa y pública a cometer genocidio.

Quienes reclaman verdad, justicia y reparación -que no mentira, rencor revanchista y pasta- comiencen por el principio.
El Mundo, 1 de febrero de 2012. Auto del juez Baltasar Garzón Real de 16 de octubre de 2008:
"El alzamiento o insurrección armada que se materializó el 4 de octubre de 1934 [el Auto pone 18 de julio de 1936] fue una decisión perfectamente planeada y dirigida a acabar con la forma de gobierno de España en ese momento, atacando y ordenando la detención e incluso la eliminación física de personas que ostentaban responsabilidades en los altos organismos de la Nación y ello como medio o al menos como paso indispensable para desarrollar y ejecutar las decisiones previamente adoptadas sobre la detención, tortura, desaparición forzada y eliminación física de miles de personas por motivos políticos, ideológicos" y religiosos.

Pruebas:

1ª. El 9 de noviembre de 1933, el líder socialista Francisco Largo Caballero afirmó públicamente: “Estamos en plena guerra civil. No nos ceguemos. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar”: Francisco Largo Caballero. Discurso a los trabajadores. Madrid, (marzo) 1934, p. 121. (El chantaje de la izquierda. Las falsedades de la Guerra Civil española. Madrid, 2004, p. 13).

2ª. El 20 de diciembre de 1933, el destacado líder socialista Indalencio Prieto Tuero, como portavoz de su partido, proclama en el Congreso de los Diputados: “Decimos, Sr. Lerroux y Sres. Diputados, desde aquí, al país entero, que públicamente contrae el partido socialista el compromiso de desencadenar, en ese caso, la revolución”: Diario de Sesiones de Cortes. Congreso de los Diputados, 20 de diciembre de 1933, p. 25. (p. 14)

3ª. El máximo líder y responsable del Partido Socialista, Francisco Largo Caballero escribe el 27 de enero de 1934: “La suerte está echada. El Partido y la Unión General ya están de acuerdo para organizar un movimiento revolucionario con un programa concreto al objeto de salir al frente de los manejos reaccionarios. Ahora lo que hace falta es intensificar los trabajos de preparación...”: Francisco Largo Caballero. Notas históricas de la guerra en España. Madrid, 1985, p. 84. (p. 16).

4ª. Órgano de la Ejecutiva del Partido Socialista, diario El Socialista 9 de febrero de 1934, p. 3: “La revolución es inevitable.
La fuerza moral y la fuerza numérica están de acuerdo con la actitud socialista: adueñarse del Poder. ¿Cómo ha de hacerse esto? ¿Cómo va a ser ese movimiento inevitable? ¿Cruento o incruento? ¿Sin resistencia del enemigo o teniendo que recurrir a todo? Eso ya no preocupa ni a quienes hasta ayer eran más inclinados a la templanza.
Sea como sea, la revolución será”. (pp. 17, 18).

5ª. En febrero de 1934 quedó formado el Comité Nacional Revolucionario que estaba integrado por el Partido Socialista, la Unión General de Trabajadores y las Juventudes Socialistas, representados por Francisco Largo Caballero, Juan Simeón Vidarte, Enrique de Francisco, Pascual Tomás, José Díaz Alor, Carlos Hernández Zancajo, Santiago Carrillo Solares e Indalencio Prieto Tuero, que se incorporaría poco después.
El Comité Nacional Revolucionario remitió la Instrucciones bajo contraseña a los 61 Comités revolucionarios provinciales, y en abril responden informando de la organización: militantes comprometidos más de 24.000, armas que disponen, fondos para la compra de armamento, etc.,.:  Francisco Largo Caballero. Notas históricas de la guerra en España, pp. 85 a 156. (pp. 20, 21).

6ª. El Socialista, 21 de abril de 1934, portada. Mensaje de Francisco Largo Caballero a los jóvenes socialistas: “En España van a ocurrir hechos de tal naturaleza, que es preciso que la clase trabajadora haga más manifestaciones que justifiquen su actuación en el porvenir.
Aprovechando la circunstancia de estar representados aquí los delegados de las Juventudes Socialistas para decir que yo, que mantengo el criterio que hay que apoderarse del Poder político revolucionariamente, y que es tonto hacerse la ilusión de que vamos a poder adueñarnos de él de otra forma, tengo que manifestar que la revolución no se hace con gritos de viva el Socialismo, viva el comunismo y viva el anarquismo. Se hace violentamente, luchando en la calle con el enemigo.
Hay que crear un ejército revolucionario (...). Y es preciso organizarlo militarmente.
Yo no tengo escrúpulos de decir ante vosotros que hay que organizar nuestro ejército (...) vamos a la conquista del Poder como sea. ¡Camaradas! Organizad la lucha final. La batalla será cruel y larga”. (pp. 18, 19).

7ª. El Socialista, 1 de agosto de 1934, portada: “Contra el régimen de terror blanco como el actual no sirven protestas platónicas. Por ello, el Comité nacional de la Unión General de Trabajadores de España se limita a declarar estar dispuesto a procurar que la clase trabajadora organizada que representa realice el supremo esfuerzo para dar término con el régimen de excepción que vive la clase obrera, y recomienda a ésta la más estrecha unión para fines concretos y definitivos”. (p. 19).

8ª. El Socialista, 25 de septiembre de 1934, portada: “Renuncie todo el mundo a la revolución pacífica, que es una utopía. Bendita la guerra contra los causantes de la ruina de España”. (p. 20).

9ª. El Socialista, 27 de septiembre de 1934, portada: “La consigna de hoy.
Organización de todos los frentes.
Las nubes van cargadas camino de octubre. Repetimos lo que dijimos hace unos meses: ¡atención al disco rojo! El mes próximo puede ser nuestro octubre. Tomar toda suerte de medidas, atar cabos sueltos, laborar para la causa son labores urgentes en estos momentos. El ejército obrero de las ciudades y los campos ha de considerarse movilizado, de manera que ante la ocasión de peligro cada cual conozca su puesto y su misión y lo ocupe y la desarrolle sin titubeos ni dudas.
Nos aguardan días de prueba, jornadas duras.
El trance histórico que se avecina nos convertirá en eje de las circunstancias. La responsabilidad del proletariado español y sus cabezas directoras es enorme”. (p. 20).

10ª. A las doce de la madrugada del día 4 de octubre de 1934, Francisco Largo Caballero da la orden de lanzar la Guerra. Síntesis y composición literal de las Instrucciones del Comité Nacional Revolucionario elaboradas en febrero de 1934:
“Cada pueblo tiene que hacerse a la idea de que tiene que ser un firme sostén de la insurrección. El triunfo del movimiento descasará en la extensión que alcance y en la violencia con que se produzca, más el tesón con que se defienda. En esta acción nos lo jugamos todo y debemos hallarnos dispuestos a vencer o morir. Una vez empezada la insurrección no es posible retroceder.
Cuando una ciudad caiga en manos de los revolucionarios, nada debe justificar su abandono. Aunque la lucha se prolongue no debe desmayarse. Cada día que pase aumentará el número de rebeldes. En cambio la moral del enemigo irá decayendo. Nadie espere triunfar en un día en un movimiento que tiene todos los caracteres de una guerra civil.
Los grupos de acción han de convertirse en guerrillas dispuestas a desarrollar la máxima potencia. Haciendo una buena distribución deberá hacer una guerra de guerrillas. Nunca deben presentar grandes masas a la fuerza pública, procurando así que toda sea distribuida y hostilizándola sin cesar hasta rendirla por agotamiento. Atacar siempre desde lugares seguros.
Precisa conocer la fuerza pública que exista en cada localidad. Militares, Guardia Civil, Asalto, Seguridad. Armamento que disponen. Condiciones defensivas de sus cuarteles. Conocer los depósitos de armas, dinamita, y medios de apoderarse de ellos. Apoderarse de los establecimientos donde se vendan armas, municiones y explosivos, Las casas cuarteles de la Guardia Civil deben incendiarse si previamente no se entregan. Imposibilitar que los jefes de las fuerzas puedan incorporarse a sus puestos, deteniéndoles a la salida de sus domicilios y atacándoles si se resisten. Utilizar uniformes del ejército, para dar la impresión de insubordinación militar.
Levantar barricadas que oculten aparatos explosivos. Volar puentes. Cortar carreteras y líneas de ferrocarril. Donde haya estación emisora de radio, si no puede incautarse, incendiarla o volarla.
El movimiento debe afectar a todos los servicios, principalmente a los de vital importancia (alimentación, transportes, agua, gas, etc.,.), y los grupos de acción cuidarán de anular a los que se presten a evitarlo.
Asaltar centros oficiales y políticos, incautarse de ficheros y archivos . Los Bancos y Archivos se vigilarán estrechamente.
Rápidamente apoderarse de las autoridades y personas de más importancia y guardarlas en rehenes. Nombres y domicilio de las personas que más se han significado como enemigos de nuestra causa o que puedan ser más temibles como elemento contrarrevolucionario. Estas personas deben ser tomadas en rehenes al producirse el movimiento, o suprimidas si se resisten.
Toda la energía y todos los medios serán pocos para asegurarse el triunfo. Triunfante el movimiento revolucionario, lo primero que debe asegurarse es el dominio absoluto de la población, perfeccionando las milicias armadas, ocupando los sitios estratégicos, desarmando totalmente a las fuerzas contrarias y ocupando los edificios públicos.
Se prohíbe sacar copias de estas instrucciones. Quemad estas instrucciones tan pronto os hayáis enterado”: Francisco Largo Caballero. Notas históricas de la guerra en España, pp. 92 a 102. (pp. 22 a 24).


11ª. Días después el Gobierno de la República “declara el Estado de Guerra”:
“PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS
DECRETO
De acuerdo con el Consejo de Ministros y a propuesta de su Presidente,
Vengo en decretar lo siguiente:
Artículo 1º. Con arreglo a lo prevenido por el artículo 52 de la Ley de 28 de Julio de 1933, se declara el Estado de Guerra en todo el territorio de la República Española.
Gaceta de Madrid: Diario Oficial de la República. Núm. 280. 7 Octubre 1934, p. 194”.
(El 23 de enero de 1939 el jefe del Frente Popular, el socialista Juan Negrín López decretó: “Se declara el estado de guerra en todo el territorio de la República”: Gaceta de la República. Diario Oficial. Barcelona, 23 enero 1939. Núm. 23, portada.
Semejante declaración más que un hecho histórico es una abyecta burla).


12ª. Testimonio del arzobispo de Tarragona, el cardenal Francisco Vidal i Barraquer:
“El Llorá, 8 de Octubre de 1934.
A Su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal Eugenio Pacelli, Secretario de Estado de Su Santidad. Buenos Aires.
El alzamiento armado ha sido realmente formidable en toda España, con especial intensidad en Asturias, Galicia y Cataluña, sin que se haya librado la propia capital de la República. No es dable en este momento tener exacta visión de los estragos producidos; puédese, sin embargo, apreciar el gran volumen y extensión de las organizaciones en armas, que de muchos meses veníanse preparando para el momento propicio en que pudieran apoderarse del poder a fin de restablecer el más extremo radicalismo político-social-antirreligioso, y aun la dictadura del proletariado.
El movimiento revolucionario extendido a toda España tiene características bien definidas por su origen y por sus objetivos. Procede de todos los grupos izquierdistas que monopolizaron el poder durante el bienio nefasto y desviaron la República con una legislación sectaria y antisocial. Ensoberbecidos por su hegemonía durante las Cortes Constituyentes, no supieron resignarse al resultado adverso de las elecciones de Noviembre, que les echó del poder y expresó la voluntad nacional de rectificar sus tendencias y conductas adversas a la justicia y a la libre convivencia y amparo de todos los ciudadanos. Desde entonces han conspirado contra la más alta magistratura de la Nación y el Parlamento actual, y se han propuesto conquistar por la violencia el puesto que los partidos de centro y de derecha han alcanzado legítimamente por la vías legales. Tan tenaz y encendida ha sido su voluntad subversiva, que en el orden político no vacilan en sacrificar el propio régimen, cuya instauración por medios democráticos proclamaban como su mejor gloria, y en el orden social no han desdeñado la participación de los comunistas, aunque fuera llegando a la dictadura del proletariado. El estallido, pues, ha sido formidable e intensísimo, y todos los medios han sido utilizados para triunfar del Gobierno legítimo e impedir la incorporación de la derecha al poder”: Miguel Batllori. Arxiu Vidal i Barraquer. Església i Estat durant la segona República Espanyola. 1931/1936. IV 10 d’ octubre de 1933. Barcelona, 1986, pp. 559 a 563.

13ª. A principios de 1935 escriben y editan un folleto clandestino el presidente de las Juventudes Socialistas, Carlos Hernández Zancajo y el secretario Santiago Carrillo Solares, confesando: “No eran escaramuzas contra el frente armado del Estado. Era una batalla a fondo, en toda línea. Se trataba de un combate general dirigido por las Alianzas Obreras en cada provincia. Fuerzas de choque delante, y detrás el empuje armado de la organización. La unanimidad del proletariado para esta batalla tenía aterrada a las fuerzas mercenarias del Estado. Que en Valencia patrullasen las fuerzas de Seguridad por las calles con más miedo que vergüenza; el paseo militar de los mineros de la Arboleda hasta Bilbao; la concentración de la Guardia civil de los pueblos, en repliegue hasta las capitales de provincias; el miedo del Gobierno a declarar el estado de guerra hasta dos días después de la insurrección, y la furia represiva declarada a última hora, no son otra cosa que la exacerbación del pánico elevado a su última potencia. No se trataba de una conspiración de tipo blanquista. Se trataba solamente de un acto de presencia del proletariado, que, con las armas en la mano, desalojaría del Poder a un régimen tambaleante, convencido de su propia caducidad.
La experiencia ha demostrado muy ampliamente que si en octubre hubieran intervenido todas las fuerzas malgastadas inútilmente durante las diversas batallas de 1934, hubieran sobrado energías para levantar de un lado a otro de España la roja bandera del socialismo.
Las AA. OO. han dado su resultado donde se les ha sabido usar. Quiere decir que si en todas partes se hubiese hecho el mismo uso que en Asturias, otro hubiese sido el resultado del octubre rojo español”: Carlos Hernández Zancajo y Santiago Carrillo. Octubre. Segunda etapa. Madrid, 1935, pp. 102 a 104. (pp. 25, 26).

14ª. Declaración de Francisco Largo Caballero ante el juez, el 15 de octubre de 1934: “Al día siguiente de ingresar Largo Caballero en la cárcel de Madrid, el juez militar, acompañado del fiscal, le sometió a un interrogatorio. ¿Es usted el Jefe del movimiento? Contesto negativamente. Así cumplía el acuerdo adoptado en la reunión conjunta de las dos ejecutivas; además, dijo la verdad, pues él no tenía derecho a arrogarse el título de Jefe del movimiento, pues que nadie le había designado para tal cargo, y además, así libraba al Partido Socialista y a la Unión General de Trabajadores de España de la responsabilidad que no quisieron contraer en interés de la clase trabajadora. No hay que olvidar que Largo Caballero era el presidente del Partido y el secretario de UGT, y si se declaraba, por un rasgo de romanticismo, Jefe, nadie podría creer que dichas organizaciones hubieran quedado al margen, y de ahí se habría derivado las graves consecuencias naturales. La segunda pregunta fue: ¿Pero usted no conocía la organización del movimiento? La contestación también fue negativa. Si hubiera dicho que sí, tendría que haber expuesto detalles de la organización; pero como esto no lo habría de hacer por nada ni por nadie, contestar afirmativamente hubiera sido estúpido. Otra pregunta: ¿Cómo cree usted que se ha producido el movimiento? Espontáneamente, contesto, como protesta contra la política que se sigue en la República. ¿Y las armas, cómo se han obtenido? Sin duda, serán las que no se usaron en la revolución de diciembre del año 30 para la proclamación de la República. ¿Está usted conforme con el movimiento? No me considero obligado a contestar esa pregunta, dijo Largo Caballero; yo respondo de mis actos, pero no admito que se quieran juzgar mis pensamientos. Así, poco más o menos, se verificaron todas las declaraciones. Le quedó tranquilidad de conciencia porque de ninguna indiscreción suya se ha podido molestar a ninguna persona. Además, se puede afirmar que en ningún caso le interrogaron sobre algún detalle concreto de la organización del movimiento, lo cual prueba claramente que no descubrieron ninguno; se puede asegurar que, dentro de lo posible, la organización se hizo con las mayores garantías del secreto.
Le defendió el jurista compañero Jiménez de Asúa; Largo Caballero se limitó a cumplir las instrucciones de su abogado defensor y salió absuelto. ¿Para qué? ¿Para marcharse a su casa a descansar? No; para continuar luchando...”: Francisco Largo Caballero. Notas de la guerra en España, pp. 225, 226. (p. 103).

15ª. Entre los días 5 al 13 de octubre de 1934 fueron asesinados: 12 sacerdotes, 11 religiosos, 7 seminaristas, 5 religiosos sacerdotes y 2 novicios.
Sacerdotes asesinados:
Manuel Muñiz Lobato. Tomás Suero Covelles. Venancio Prada Morán. José María Morta Soler. Constancio Villalba Díez. Graciniano González Blanco. Juan Puertas Ramón. Aurelio Gago Fariñas. Joaquín del Valle y Villa. Lucio Fernández Martínez. Román Cossio Gómez. Francisco Sanz Baztan.
Religiosos asesinados:
Bernardo Fábregas Julia. Juan Bautista Arconada Pérez. Hector Valdivielso Sáez. Manuel Seco Gutiérrez. Ramón Martínez Fernández. Vicente Alonso Andrés. José Sanz Tejedor. Vilfrido Fernández Zapico. Filomeno López López. Claudio Bernabé Cano. Salustiano González Crespo.
Seminaristas asesinados:
Jesús Prieto López. Mariano Suárez Fernández. Ángel Cuartas Cristóbal. Gonzalo Zurro Fanjul. José María Fernández Martínez. Juan José Castañón Fernández. Y el desaparecido José Menéndez Menéndez.
Religiosos sacerdotes asesinados:
Vicente Pastor Vicente. Emilio Martínez Martínez. Manuel Canoura Arnau. Eufrasio Barredo Arnau. Tomás Pallarés Ibáñez.
Novicios asesinados:
Baudilio Alonso Tejero y Amadeo Andrés Celada: Antonio Montero Moreno. Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939. Madrid, 1961, pp. 41 a 52 y 769 a 883.
Según el Gobierno de la República: “Edificios destruidos o deteriorados por voladura o incendio: 58 iglesias.
Albacete 1, Alicante 4, Almería 2, Barcelona 4, Cádiz 1, Ciudad Real 2, Córdoba 1, Coruña 3, Huelva 1, Huesca 1, León 4, Lérida 2, Logroño 1, Pamplona 1, Asturias 17, Pontevedra 1, Salamanca 2, Santander 5, Tarragona 1, Valladolid 3, Zamora 1”: EN SERVICIO A LA REPUBLICA. La revolución de octubre en España. LA REBELIÓN DEL GOBIERNO DE LA GENERALIDAD. Madrid, 1935, pp. 65, 68.
En la obra de obligada referencia de Antonio Montero Moreno citada anteriormente, el total del genocidio religioso desde octubre de 1934 hasta abril de 1939, y “a la espera de que estudios posteriores y más aquilatados puedan variar –creemos que ligeramente- la estadística de las personas consagradas a Dios, sacrificadas en la persecución religiosa, damos hoy por hoy como más exacta esta promoción: clero secular, incluidos seminaristas, 4.184, religiosos 2.365, religiosas 283. Total 6.832”: Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939, p. 762.
En un posterior trabajo de Vicente Cárcel Ortí el total del genocidio religioso se puede situar en unos 6.963 asesinados, cifra más próxima a la realidad del hecho pero no definitiva: “Tras estos añadidos podemos concluir que las víctimas eclesiásticas se aproximan a las 7.000”: La persecución religiosa en España durante la segunda República (1931-1939). Madrid, 1990, p. 242.
Y no sólo eso sino que todavía falta por añadir, los incipientes trabajos sobre un total de unos 3.000 mártires seglares asesinados por mantener su fe católica . (pp. 120, 121).


Ángel Manuel González Fernández, abril de 2007.

Adición:
El tema fue publicado respetando título y texto en Milenio Azul en mayo de 2007, por lo que doy las gracia a su Redacción y muy especialmente a su Director, Manuel Paz Fuentes.
El tema fue publicado íntegramente excepto el añadido del 1 de febrero de 2012, donde se edita una parte del Auto de Baltasar Garzón Real de fecha 16 de octubre de 2008, que donde debería decir 4 de octubre de 1934 dice 18 de julio de 1936.






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